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Ver: Compañía Nacional de Danza
NumEros
El título de este programa, NumEros, es un portmanteau, una combinación de dos términos, numen y eros, en cierto sentido opuestos pero que conforman dos elementos centrales en la creación en danza.
Numen como presencia intangible, inspiración poética o espiritualidad inmanente que trasciende la voluntad del artista; y Eros como fuerza deseante, como impulso vital y creativo encarnado en el cuerpo.
Cuando se encuentran, nace NumEros, que evoca el número como principio de orden, patrón subyacente, lógica que da forma al movimiento. Así, NumEros propone articular espiritualidad, deseo y estructura matemática en la danza.

Del 11 al 21 de diciembre | Teatro de la Zarzuela
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Declaraciones de Isamay Benavente

Siguiendo este concepto, este programa reúne el trabajo de tres coreógrafos de referencia, Georges Balanchine, William Forsythe y Jacopo Godani, que han desarrollado un pensamiento coreográfico formal y numérico, pero en el que la coreografía se construye como un campo de tensiones entre lo racional y lo corporal, entre lo medible y lo inefable.
En estos trabajos los intérpretes trabajan a partir de sistemas numéricos–proporciones, repeticiones, permutaciones, secuencias– no solo como meros esquemas compositivos, sino como territorios vividos desde el cuerpo.
El cuerpo, en este contexto, no se limita a ejecutar formas: las encarna, las perturba, las transforma. Así, la danza deviene un proceso en el que la precisión numérica se encuentra con el exceso del deseo y la abstracción formal con la potencia afectiva del gesto.
Este programa se inscribe en una línea de pensamiento coreográfico en el que el cuerpo no es mero ejecutor de formas, sino agente activo de un pensamiento en movimiento.
En este sentido, NumEros dialoga con la tradición coreográfica a través de los creadores George Balanchine (Serenade), William Forsythe (Playlist (Track 1, 2)) y Jacopo Godani (Echoes from a Restless Soul), cada uno de los cuales ha abordado, desde distintas estéticas, la relación entre estructura matemática y energía corporal.
Balanchine concebía la danza como «arquitectura en movimiento«, y su uso de la música como partitura espacial anticipa ya una concepción matemática del gesto.
Forsythe radicaliza esta visión al desplegar una investigación sobre las posibilidades arquitectónicas del cuerpo, descomponiendo el movimiento clásico en vectores, puntos de tensión y trayectorias geométricas.
Godani, por su parte, lleva estas premisas al extremo físico y visual, construyendo composiciones donde la precisión matemática convive con una intensidad visceral, casi animal.
Serenade

George Balanchine
© The George Balanchine Trust
Serenade fue el primer ballet que creó Balanchine en Norteamérica y lo hizo para la Escuela del American Ballet.
Creado con la música de Serenata para cuerdas en do mayor de Tchaikovsky, si bien el tercer y cuarto movimiento de la partitura están cambiados de orden, constituye un significativo ejemplo del personalísimo estilo del creador ruso-norteamericano.
No existe argumento, en palabras del propio Balanchine “el ballet cuenta su historia de manera musical y coreográfica, sin recurrir a ninguna narración ajena”.
Quizás, en lo que a significado se refiere, podría apuntar a un pensamiento de Balanchine: “cada hombre va con el destino a sus espaldas; se encuentra a una mujer, la ama, pero el destino ya tiene otros planes”
Serenade expresa el ritmo, dinamismo y las tonalidades de la música.
Una sencilla escenografía de tonos azules sirve de marco a los movimientos rítmicos, precisos y solo aparentemente narrativos de los cinco solistas y veinte bailarines del cuerpo de baile que Balanchine pone en escena.
Sus encuentros y desencuentros, su interacción, cruzada o simétrica, componen una serie sucesiva e ininterrumpida de escenas en las que se percibe un romanticismo puro, muy sutil y plenamente acorde con el carácter neoclásico del estilo Balanchine.
Para este estreno de 2025, la puesta en escena de esta coreografía es de Colleen Neary, considerada una de las más relevantes stagers de la obra de Balanchine en el mundo.
Echoes from a Restless Soul

Jacopo Godani
Ecos de un alma inquieta está ambientada en Le Gibet y Ondine, ambas parte del tríptico Gaspard de la Nuit, una composición para piano solo escrita por Maurice Ravel en 1908.
La base de esta obra maestra es un poema francés anterior de Aloysius Bertrand. En una creación de increíble virtuosismo, Ravel da vida a los poemas de Bertrand, empleando una innovadora técnica pianística dentro de una forma clásica.
Los elementos coreográficos de Ecos forman un hilo conductor, fundiéndose en una atmósfera que trasciende el tiempo y el espacio. En esta inquietante extrañeza, Godani ofrece una serie de pas de deux y cuartetos que describen un panorama de virtuosismo artístico.
A través de ellos, se presentan intrincadas e infinitas combinaciones de una relación formal: el pas de deux. Godani realza el movimiento con zapatillas de punta, a la vez que crea una notable libertad dentro de ciertos parámetros estéticos, propios de un enfoque más clásico. La partitura de Ravel es interpretada en vivo por Gustavo Díaz Jerez.
Playlist (Track 1, 2)

William Forsythe
Creada especialmente para doce bailarines del English National Ballet, Playlist (Track 1, 2) fue la primera creación de William Forsythe para una compañía de ballet del Reino Unido en más de 20 años. Con música neo-soul y house, Playlist (Track 1, 2) se estrenó como parte del proyecto Voices of America en 2018.
William Forsythe, conocido por su innovador enfoque en la danza contemporánea y su capacidad para desafiar las convenciones del ballet clásico, estrenó en 2018 esta coreografía basada en la idea de una «lista de reproducción» en la que se utilizan diferentes estilos y movimientos para crear un collage dinámico y diverso.
Playlist destaca por su fusión de elementos de la danza clásica y la danza contemporánea, mostrando la versatilidad y el rango técnico de los bailarines.
Forsythe es famoso por su habilidad para jugar con el espacio y la estructura, y Playlist no es una excepción; la obra presenta una rica interacción entre el movimiento y el entorno, así como una exploración del tiempo y el ritmo.
Además, en Playlist, Forsythe incorpora elementos de improvisación, lo que permite a los bailarines expresar su individualidad dentro de la coreografía. Esto crea una experiencia única en cada representación, manteniendo al público intrigado y comprometido.
La música juega un papel crucial en esta obra, ya que se seleccionan piezas que complementan y contrastan con los movimientos de los bailarines, creando un diálogo entre sonido y cuerpo.
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